Llaman a evitar que ‘logreros’ de la política lleguen a gobernar al País

BJG

Por Héctor Pech

San Luis Potosí, S. L. P., 27 de marzo de 2017

‘Hay que actuar unidos, para impedir que los ‘logreros’ de la política, entre otros, lleguen a conducir los destinos de nuestro pueblo’, llamó el Priísmo Histórico Renovado, A. C., ante la efervescencia política que ya vive el País, a propósito de las elecciones presidenciales del próximo año.

“La Nación tiene prioridad sobre cualquier otro valor de tipo personal, por más justificado y sólido que éste sea, porque solo así se podrán combatir las crisis económica y alimentaria, el desempleo, el crimen organizado, la corrupción y sobre todo la impunidad que existe”, expresó Juan Manuel Fortuna Trujillo, secretario del Interior de dicha organización.

Lo anterior está plasmado en el discurso conmemorativo del 211 aniversario del nacimiento de Don Benito Pablo Juárez García, pronunciado por Fortuna Trujillo, en un solemne acto efectuado por esa agrupación a las puertas del H. Congreso del Estado de San Luis Potosí.

He aquí el discurso íntegro:

“El valor de una Nación, no reside básicamente en la amplitud de su territorio, ni en sus riquezas naturales. El verdadero valor, reside en la riqueza espiritual de los hombres y mujeres que la integran y que con sus acciones la cuidan y engrandecen”

Distinguida concurrencia que el día de hoy nos acompaña:

Cuando el hombre enmarca su existencia en caracteres de grandeza y piensa,  analizando su pasado, hace un alto ante aquello que le conmueve y nosotros, quienes formamos la organización del Priísmo Histórico Renovado, A. C., en este día en el que se cumple el 211 aniversario del natalicio del más grandes y respetable de los mexicanos, hacemos acto de presencia en este lugar para rendir justo homenaje a ese gran patriota, el que fuera muy humilde en sus orígenes un gigante, pero gigante en la dimensión de sus acciones, me refiero, como todos saben, a la recia figura del licenciado Don Benito Pablo Juárez García.

Para valorar las actitudes de los hombres en toda su magnitud, es necesario hacerlo en función del escenario histórico y geográfico en que surge la acción y la forma en la que ella se proyecta sobre el medio mismo para transformarlo.

Por ello, es importante recordar que dentro del historial de nuestra Patria, después de declarada la Independencia, varios personajes han aparecido en ella, pero ninguno tan grande, honesto, valiente y tan patriota como Don Benito Juárez.

En ese tiempo, nuestra naciente y desorganizada Nación era víctima de la codicia y la traición provocada por las pugnas y guerras internas, auspiciadas por los grupos monárquicos, el Partido Conservador, el Clero y la clase privilegiada, quienes, a costa de lo que fuera, ansiaban detentar el poder para seguir disfrutando de las canonjías, prebendas y privilegios que el Virreinato les permitió, pues se oponían terminantemente a que nuestra Nación se convirtiera en una República Federal.

En ese tiempo, oscuros nubarrones de inestabilidad política, económica y social cubrían a lo largo y ancho el cielo de nuestra oprimida Nación, pues los gobiernos conservadores habían endeudado al País con préstamos proporcionados por la Monarquía española, el Imperio francés, la Corona inglesa, el Clero y el Partido Conservador.

Benito Juárez, después de titularse como licenciado en Derecho y haber ocupado varios cargos de representación popular hasta llegar a ser gobernador de su estado, Oaxaca, y habiendo dejado con su ejemplo el más nítido, transparente y honesto desempeño con que deben ejercer sus funciones quienes ocupan cargos dentro de la Administración Pública, en el año 1854 se integra al grupo de liberales encabezado por el general Juan Álvarez, seguido por los generales Flavio Villarreal e Ignacio Comonfort y otros próceres.

Todos ellos, para impedir que López de Santa Anna, apoyado por el Clero y el Partido Conservador, continuara al frente del gobierno bajo cuyo mandato y malos manejos México perdió más de la mitad de su territorio, convocaron a una rebelión y de acuerdo con el Plan de Ayutla fue derrocado y desterrado.

Al quedar acéfala la Presidencia, es reconocido el general Juan Álvarez como presidente de la República, en base al Plan de Ayutla, no obstante los intentos de algunos conservadores por desvirtuar dicho Plan y proponiendo como presidente al general Martín Carrera. Sin embargo, triunfaron los Liberales del Plan de Ayutla y designaron como presidente provisional de la República al general Juan Álvarez, quien integró en su Gabinete a Don Benito Juárez, en Justicia, a Don Melchor Ocampo, en Relaciones, a Don Guillermo Prieto, en Hacienda, y a Don Ignacio Comonfort, en Guerra.

Todos ellos conscientes de que la Constitución de 1824 concedía mucho fuero y demasiados privilegios a la Iglesia y al militarismo, los que sin ningún recato apoyaban al Partido Conservador y que ello era lo que provocaba el divisionismo y las guerras internas.

El presidente Juan Álvarez propone la reforma a la Constitución de 1824 y en el año de 1857 se reforma y es ahí donde surge la más brillante participación del grupo de legisladores liberales, entre los que figuraban Ponciano Arriaga, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez (El Nigromante) e Ignacio Manuel Altamirano.

Fue muy poco el tiempo que el general Juan Álvarez permaneció como presidente, y a su renuncia el general Ignacio Comonfort asume la Presidencia y quien por la presión ejercida por el Partido Conservador y la división del Ejército, también renunció. Ante este acontecimiento, Don Benito Juárez, siendo presidente del Supremo Tribunal de Justicia, por ministerio de ley asume la Presidencia de la República para defender la vigencia y aplicación de las Leyes de Reforma, que señalaban la aplicación estricta del derecho sobre la fuerza, la ley sobre la opresión, y la razón de la luz de la inteligencia sobre las tinieblas del obscurantismo reaccionario. Tuvo que enfrentar al Partido Conservador y a las clases privilegiadas, que se oponían al cumplimiento de las mismas, y después de una sangrienta guerra civil que duró tres años, al fin logró derrotarlos en la histórica Batalla de Calpulalpan.

Juárez consolidó con este hecho la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, estableció la libertad de cultos, la educación laica y la nulidad de los títulos nobiliarios en México.

El perder la Batalla de Calpulalpan no doblegó a los militantes del Partido Conservador, quienes apoyado por el Clero y las fuerzas reaccionarias, y aprovechando que los tres Países acreedores de la deuda contraída por los gobiernos conservadores y que se preparaban para invadir con sus tropas nuestro territorio, dos de ellos –España e Inglaterra- acordaron regresar a sus Países, más no el Gobierno francés, al que ya los Conservadores habían solicitado al emperador Napoleón III, nos designara un monarca que convirtiera a México en un Imperio impulsado por la Monarquía francesa.

Ante este panorama tan sombrío que se cernía sobre nuestra Patria, Don Benito Juárez tuvo que enfrentarse al ambicioso emperador francés Napoleón III, quien se obstinó en invadir a México con un cuerpo de soldados del Ejército francés, de manera arbitraria, para implantar en nuestra Patria una injustificable Monarquía, teniendo que enfrentar al mismo tiempo al partido retardatario que provocaba la división interna, así como la traición inesperada de muchos mal nacidos mexicanos, que ya rendían honores y pleitesía a la ridícula Monarquía del emperador austríaco, Maximiliano de Habsburgo.

Juárez, con un Ejército Liberal carente de recursos económicos y con varios generales improvisados, tuvo que sobreponerse a esta adversidad.

El presidente Juárez, con su cabeza puesta a precio y perseguido por el Ejército Conservador que protegía y apoyaba al emperador austríaco, se vio en la necesidad de abandonar la Ciudad de México y en un carruaje tirado por caballos, llevando consigo la Bandera Nacional y los Poderes de su gobierno, se trasladó por los polvorientos caminos del País hacía los estados del Norte, alejándose del Ejército francés y de sus acérrimos enemigos, no sin dejar de alentar a sus leales seguidores para que no les faltara la fe que habría de conducirlos a la salvación de la República.

Cabe recordar que fue aquí en esta tierra, para honra de quienes nacimos en nuestro San Luis Potosí, que el presidente Juárez en dos ocasiones declaró a la Capital potosina como Capital de la República Mexicana, en 1863 con su Gobierno Itinerante, y en 1867 al estar próxima la restauración de la República.

Fue aquí, donde recibió Juárez el informe de que el general Mariano Escobedo había derrotado en el sitio de Querétaro al último bastión del Ejército Conservador y haber apresado y poner en prisión a Maximiliano de Habsburgo, a Miguel Miramontes y a Tomás Mejía, los que comandaban en esa plaza al Ejército Conservador.

Fue aquí en nuestro San Luis Potosí, en una sala del Palacio de Gobierno, donde la nobleza europea rogó y pidió clemencia al presidente Juárez, en voz de la princesa de Salm Salm, enviada por la Monarquía francesa, para que se perdonara la vida de Maximiliano, pero la respuesta del presidente Juárez fue firme al exclamar: ‘no lo condeno yo, lo condena la ley’.

Y así, después de ser juzgado por un Consejo de Guerra fue sentenciado, junto a sus generales conservadores, a morir fusilado el 19 de julio de 1867 en el Cerro de Las Campanas, de la ciudad de Querétaro, quedando sepultado el espurio Imperio que pretendió consolidar el aventurero emperador austríaco Maximiliano de Habsburgo.

Juárez, en su lucha para derrocar al Ejército invasor para aplicar las Leyes de Reforma y para restablecer y salvar a la República, no actuó solo, contó con un grupo de fervientes mexicanos, los que impregnados de un profundo nacionalismo y extraordinario talento, cada quien en las responsabilidades que tuvieron que desempeñar, supieron hacerlo siguiendo el ejemplo que el presidente Juárez en su diario vivir les inculcó, algunos de ellos fueron los generales Mariano Escobedo e Ignacio Zaragoza, Don José María Iglesias, Don Matías Romero, Don Melchor Ocampo, Don Guillermo Prieto, Don Ponciano Arriaga, Santos Degollado, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez ‘El Nigromante’, Sebastián Lerdo de Tejada, Jesús González Ortega y Manuel Doblado.

En ninguno de ellos, el poder se tradujo en obtener ostentosos bienes materiales, ni en amasar escandalosas fortunas, respetando con ello, en todo momento, el dictado que Juárez promulgó con respecto a la honrada medianía que a la letra dice:

“Bajo cualquier sistema de gobierno, federal, estatal o municipal, los funcionarios públicos no deben disponer de las rentas sin responsabilidad, no pueden gobernar a impulsos sino con sujeción a las leyes, no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que las leyes le señalan”

Pero, ¿qué es lo que se ha hecho de esta razonada recomendación que cumplieron a carta cabal el presidente Juárez y los integrantes de su Gabinete y que deberían de haber seguido haciendo todos los funcionarios públicos de alto o bajo nivel que han ocupado a través del tiempo los cargos de representación popular? Hoy se asignan sueldos exorbitantes, escandalosos e insultantes y para no quedarse atrás, algunos liderazgos de las centrales obreras hacen lo mismo y no luchan por mejorar las condiciones laborales y los sueldos de los trabajadores.

Por tal motivo, se hace necesario urgentemente hacer un alto ante esta situación que estamos viviendo y retornemos a lo fundamental que, con justificada razón, reclama el pueblo de México.

Los momentos cruciales por los que atraviesa nuestra Patria arrojan un gran riesgo, porque son momentos de oportunidad para que los audaces sin escrúpulos terminen quedándose con el poder. Ya lo vimos y nada mejoró, se agravó la situación.

Todos tenemos que actuar unidos, para impedir que los aventureros, logreros de la política, los demagogos, los que aseguran tener la ‘varita mágica’ y los falsos profetas, lleguen a conducir los destinos de nuestro pueblo.

Es tiempo de que impulsemos a los hombres y mujeres de gran valía, los que con su actuar han demostrado ser verdaderos y experimentados estadistas que amen entrañablemente a México.

Y a los mexicanos, sobre todo que velen por el bienestar común y entiendan que la Nación tiene prioridad sobre cualquier otro valor de tipo personal, por más justificado y sólido que éste sea, porque solo así se podrán combatir las crisis económica y alimentaria, el desempleo, el crimen organizado, la corrupción y sobre todo la impunidad que existe, para castigar a quienes se han enriquecido de los cargos que han desempeñado, acciones estas que han lacerado durante bastante tiempo a nuestro castigado pueblo.

¡Viva Juárez!

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