‘Trump nos mintió a todos en Carrier’

trumpThe Washington Post | 071216 | Washington, D. C.

Los agentes del Servicio Secreto dijeron a los trabajadores de Carrier que esperaran, por lo que Chuck Jones se sentó en la sala de conferencias de la fábrica por casi tres horas, esperando a que llegara el presidente electo, Donald Trump. Él ya está acostumbrado a este tipo de suspenso.

Hace siete meses, en un mitin de campaña en Indianápolis, Trump prometió salvar los empleos de la planta, la mayoría de los cuales estaban programados para ser transferidos a México. Luego el empresario ganó la elección, y los mil 350 trabajadores cuyos salarios estaban en juego comenzaron a preguntarse si cumpliría con su promesa.

Jones, presidente del sindicato Obreros Siderúrgicos Unidos 1999, el cual representa a los empleados de Carrier, se sintió optimista cuando Trump anunció la semana pasada que había entablado un acuerdo con la compañía matriz de la fábrica, United Technologies, para preservar mil 100 de los empleos de Indianápolis —hasta que el líder del sindicato escuchó de parte de Carrier que únicamente 730 de los trabajos de producción se quedarían y 550 de sus miembros, al final de cuentas, perderían su fuente de sustento.

En la reunión del 1 de diciembre, en la que Trump se suponía que daría a conocer los detalles del acuerdo, Jones esperaba que ofreciera alguna explicación.
“Pero se paró ahí enfrente”, dijo Jones el martes, “y, por alguna razón, nos mintió a todos”.

Frente a la multitud de unos 150 supervisores, trabajadores de producción y reporteros, Trump elogió a Carrier. “Ahora se conservarán —en realidad a más de mil 100 personas”, dijo, “lo cual es grandioso”.

Jones se preguntaba por qué el presidente electo pareció haber estado inflando la supuesta victoria. Trump y Pence, dijo, pueden darse el crédito de haber rescatado unos 800 empleos de Carrier, incluyendo puestos de personas que no están afiliadas al sindicato.

Sin embargo, de los cerca de mil 700 trabajadores en la planta de Indianápolis, 350 empleados de investigación y desarrollo nunca fueron seleccionados para abandonar sus puestos, dijo Jones.

Otros 80 empleos, los cuales Trump pareció incluir en su cifra, eran puestos de oficina y de supervisión que no estaban afiliados al sindicato.

(Un vocero de Carrier confirmó que los 800 empleos de la fábrica que habían sido programados para ser transferidos a México, se quedarán en Indianápolis).

Y ahora el presidente electo estaba aplaudiendo a la compañía y dándole millones de dólares en exenciones tributarias, incluso mientras cientos de trabajadores de Indianápolis se preparaban para ser despedidos.

“Trump y Pence timaron a muchísima gente”, dijo Jones, quien votó por Hillary Clinton, pero dijo que la candidata “era la menos peor” en la contienda. “Por poco vomito en mi boca”.

Los voceros de Trump no respondieron a las peticiones del Washington Post para que comentaran al respecto.

A cambio de minimizar su mudanza de empleos al sur de la frontera, United Technologies recibirá siete millones en créditos tributarios de Indiana, los cuales se pagarán en plazos de 700 mil dólares cada año por el transcurso de una década. Mientras tanto, Carrier acordó invertir 16 millones de dólares en sus operaciones de Indiana. United Technologies aún planea transferir 700 empleos de la fábrica en Huntington, Indianápolis, a Monterrey, México.

Trump dice líder sindical que lo acusó de mentir ha “hecho un trabajo terrible”

trumpkrrirNUEVA YORK, 7 dic (Reuters) – Donald Trump se enfrentó el miércoles a un funcionario de un sindicato que acusó al presidente electo de mentir sobre la cantidad de empleos que salvó en un acuerdo para evitar que el fabricante de aires acondicionados Carrier traslade algunos puestos de trabajo desde Indiana a México.

Chuck Jones, presidente del sindicato United Steelworkers Local 1999, criticó en una entrevista en CNN a Trump por segunda vez en dos días debido al acuerdo.

Su agrupación representa a trabajadores de la planta de Carrier en Indianápolis, filial de United Technologies Corp.

En un mensaje publicado el miércoles en la red social Twitter, Trump dio una dura respuesta: “Chuck Jones, quien es presidente de United Steelworkers Local 1999, ha hecho un terrible trabajo representando a los trabajadores. ¡No es de extrañar que las compañías escapen del país!”.

El martes, Jones dijo al diario The Washington Post que cuando Trump habló en la fábrica de Carrier la semana pasada, “subió allí, y por la razón que sea, mintió”.

Funcionarios de Indiana han accedido a dar a Carrier 7 millones de dólares en beneficios tributarios para alentar a la compañía a que mantenga unos 1.100 empleos en el estado, aunque cerca de 300 puestos de trabajo están en la sede central de la empresa y no estaba previsto trasladarlos a México.

Sólo 800 puestos de trabajo corresponden a la fábrica y Carrier aún planea trasladar un estimado de 1.300 empleos a México.

Trump publicó otro mensaje en Twitter después de los comentarios de Jones en CNN. “Si United Steelworkers 1999, fuese bueno, habrían mantenido esos empleos en Indiana”, escribió.

(Reporte de David Ingram en Nueva York y Eric Walsh en Washington; Editado en Español por Ricardo Figueroa)

Una sugestiva llamada de Trump disgusta a China

trumpchinaLA NACION / Emilio Cárdenas / 0812016  / Washington, D. C.

Entre los distintos temas de política exterior que Donald Trump abordara específicamente durante su reciente campaña electoral, el de la relación de su país con China ocupa un lugar central. Ocurre que, de alguna manera, la política comercial del gigante asiático es la razón principal de las propuestas proteccionistas de Donald Trump que, entre otras cosas, apuntan a gravar con derechos de importación del orden del 45% el acceso de los productos chinos al mercado norteamericano, lo que podría ciertamente derivar en una guerra comercial que hasta ahora siempre ha podido ser evitada.

Por ello una sorprendente llamada telefónica que tuviera lugar el viernes pasado agitó inmediatamente el ambiente en China. Y generó reacciones y comentarios ansiosos de disgusto, incluyendo desde la agencia oficial de noticias “Xinhua”, vocero del gobierno chino. Porque con ella se volvió a poner sobre la mesa una larga y sensible disputa aún no resuelta, que estaba semi-aletargada: la que enfrenta a China con Taiwán.

Me refiero a la conversación que Donald Trump mantuvo -inesperadamente- con la presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, quien fuera electa este año encabezando a un partido político -el Demócrata Progresista- que propugna abiertamente la independencia de Taiwan respecto de China. La llamada en cuestión fue iniciada por la presidente Tsei, pero es bien difícil suponer que ella no hubiera sido previamente acordada entre ambos líderes. Es más, hay quienes afirman que había sido discreta y cuidadosamente planeada.

Taiwán, recordemos, está separado de China desde 1949 cuando el ejército comunista al mando de Mao Zedong derrotara al nacionalista comandado por el General Chiang Kai-shek, quien se refugió en Taiwán que desde entonces se ha gobernado a sí mismo. Ambas partes consideran, por igual, que tienen derechos soberanos que cubren la integridad territorial de China, en su totalidad. Para las dos se trata, entonces, de un tema realmente existencial.

Esa disputa se transformó en uno de los temas centrales de la Guerra Fría en Asia. La Unión Soviética reconoció a la República Popular China, mientras que los Estados Unidos apoyaron a Taiwán.

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No obstante, aceptando la realidad, la banca de las Naciones Unidas (con su derecho de veto) pasó a manos de la República Popular China en 1971 y, al año siguiente, los Estados Unidos reconocieron explícitamente a la República Popular China, con el llamado “Comunicado de Shangai”.

En 1978, bajo la presidencia de Jimmy Carter, el país del norte reconoció a la República Popular China como “la única China”. Sin por ello abandonar a su suerte a Taiwán, a la que desde entonces apoyaron militarmente y mantuvieron como a una contraparte cercana y funcionalmente independiente. La relación de intimidad continuó a través de mecanismos diplomáticos “ad-hoc”, que hasta emiten visas y prestan toda suerte de servicios consulares.

Desde 1992, ambas potencias adoptaron semi-oficialmente la llamada política de “una sola China”, diseñada entonces por Henry Kissinger, quien (a los 93) años, ha vuelto a estar muy activo en el tema y acaba de visitar al presidente Xi Jingping en Beijing. Kissinger es considerado como un asesor muy escuchado por Donald Trump.

Con el largo tiempo transcurrido desde 1978, no es demasiado sorprendente que, en Taiwán, particularmente los más jóvenes defiendan la que entienden es su propia identidad: la “taiwanesa”. Ocurre que Taiwán, a diferencia de la República Popular China, hoy aloja a una democracia vibrante y a una sociedad abierta y moderna.

La conversación telefónica a la que nos hemos referido no modifica la política mencionada, ni la alude. Pero parecería abrir un interrogante acerca de cómo será la relación hacia adelante. Genera entonces incertidumbre y una cuota de fragilidad. Todo lo contrario a la previsibilidad.

Para hacer las cosas más complejas, Donald Trump se refirió a su conversación con la presidente de Taiwán como una que fuera mantenida con “la presidente” de esa nación. Y se preguntó, no sin alguna razón, cómo se puede tratar de impedir que el presidente electo norteamericano hable por teléfono con la Jefa de Estado una nación a la que su país vende constanteente toda suerte de pertrechos militares de última generación, con el propósito ostensible de asegurar su defensa.

trump-tsaiEs cierto que reconocer el carácter de presidente de Tsai no está muy distante de aceptar y tratar a Taiwán como nación independiente. El diálogo de Donald Trump y la presidente Tsai augura una relación distinta entre ambas partes después de nada menos que 37 años de un “status quo” cuyo protocolo Donald Trump acaba, a su manera, de quebrar.

Por esto en Taiwán se habla ya de un cambio “histórico” de dirección en su relación bilateral con los Estados Unidos. Y es posible que así sea.

Queda visto que, aún antes de acceder al poder, Donald Trump está provocando preocupaciones. No sólo respecto de Taiwán. También con relación al controvertido presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, un hombre acusado de violar los derechos humanos de su pueblo, con quien Trump ha mantenido otra inesperada conversación telefónica. Y a Nawaz Sharif, a quien prometiera visitar Pakistán, un país sospechado de tener vínculos cercanos con grupos del terrorismo islámico, ante el comprensible asombro de muchos, incluyendo a la India.

El tema de China, sin embargo, tiene otro perfil, también complejo. El de la belicosa y desafiante Corea del Norte y sus ambiciones de todo orden que, sin el concurso de China, difícilmente podrá ser encarrilado por la comunidad internacional.

Por esto, todo lo que tiene que ver con la relación entre los Estados Unidos y China es un tema particularmente delicado, en el que cada paso o señal no pueden perderse de vista. Porque como señala el mencionado Henry Kissinger en su reciente libro sobre China, la relación entre los Estados Unidos y China es simplemente “esencial para la paz y estabilidad del mundo”. Para la Argentina, que ha estructurado una “relación estratégica” con China, la prudencia debe ser la regla en la cuestión de Taiwán.

Trump cede más poder a militares

trumpmili*Trump, junto al designado secretario de Seguridad Interior, John Kelly. Foto: EFE / Peter Foley

*Un general retirado estará a cargo de una secretaría clave

LA NACION / Rafael Mathus Ruiz /  Opinión / 081216 / NUEVA YORK.-

Donald Trump planea profundizar el perfil militar de su gabinete al elegir a un general, el tercero que prevé sumar a su equipo, para preservar la seguridad de Estados Unidos, custodiar las fronteras y desplegar su política migratoria.

Trump le ofrecerá a John F. Kelly, ex general del Cuerpo de Marines, el Departamento de Seguridad Interior, el tercero entre los ministerios más grandes del gobierno. Hasta enero, Kelly estuvo a cargo de las operaciones en América latina. Otros dos ex generales ocuparán además puestos clave de Defensa de la administración.

De aceptar el cargo, Kelly será el tercer general retirado que trabajará en el gobierno de Trump. Otros dos generales retirados, Michael Flynn y James Mattis, ya han sido designados, respectivamente, asesor de seguridad nacional y jefe del Pentágono. Además, David Petraeus, que lideró el repliegue militar en Afganistán y dirigió de la CIA con Barack Obama, es uno de los candidatos para convertirse en secretario de Estado.

El nombramiento aumentó, además, la preocupación por un aumento de la influencia militar en el gobierno norteamericano bajo el mando de Trump.

El Departamento de Seguridad Interior, creado por el ex presidente George W. Bush, es una de las áreas más calientes del gobierno federal. Nacido de los escombros de las Torres Gemelas, es un mastodonte burocrático en el que trabajan 240.000 empleados repartidos en 22 dependencias con una sola misión: proteger al país de cualquier amenaza.

A los 66 años, Kelly, comandante en Irak entre 2008 y 2009, padre de un soldado muerto en Afganistán, ejecutará algunas de las propuestas más duras de la campaña de Trump.

Su abanico de responsabilidades incluirá la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, la custodia de las fronteras, las costas y los aeropuertos, el manejo de las aduanas y la seguridad de la familia presidencial.

Kelly será el hombre a cargo de la inmigración: el Departamento de Seguridad Interior decide qué extranjeros pueden entrar al país y a quiénes expulsa el gobierno federal. Controlará la política de deportaciones de inmigrantes indocumentados, el prometido muro con México y el “escrutinio extremo” a los extranjeros que quieran visitar o inmigrar a Estados Unidos.

Kelly tiene fama de “halcón”. Trabajó en la administración de Obama, en Irak y como asesor de dos jefes del Pentágono, Leon Panetta -quien respaldó su designación- y Robert Gates.

Kelly conoce bien América latina. Hasta enero último, fue el jefe del Comando Sur, y tuvo a su cargo las operaciones militares en América del Sur y América Central que colaboran en la lucha contra el narcotráfico.

Uno de los motivos por los que Trump lo eligió es su obsesión con la frontera con México, en el sur del país. Kelly ha dicho que la violencia en la región, el tráfico de personas y drogas, y, a su juicio, la falta de seguridad en esa frontera son una “amenaza existencial” para Estados Unidos.

Se opuso públicamente al cierre de la prisión de Guantánamo, en Cuba, símbolo de torturas.

“Entiende perfectamente el papel fundamental que desempeña la seguridad fronteriza para proteger el país de las amenazas del terrorismo, la inmigración ilegal descontrolada y las drogas”, lo elogió en un comunicado Dan Stein, presidente de FAIR, una organización que promueve una línea dura en inmigración.

Más nombramientos

El equipo de transición de Trump anunció, ayer, otros tres nombramientos. Por lejos, el que levantó más polvareda fue el de la persona propuesta para liderar la Agencia de Protección Ambiental (EPA, según sus siglas en inglés): Scott Pruitt, el procurador general de Oklahoma, un político cercano a la industria petrolera que ha desplegado una batalla judicial contra regulaciones para combatir el calentamiento global, impuestas por la misma agencia que ahora Trump quiere que dirija.

La elección de Pruitt destrozó las señales a favor del medio ambiente que había ofrecido Trump en las últimas semanas y que habían marcado un giro respecto de la campaña, cuando dijo que era el calentamiento global era “un cuento chino”.

Días atrás, en una entrevista con The New York Times, el republicano había dicho que creía que existía “cierta conexión” entre los humanos y el calentamiento global, y esta semana se reunió con Al Gore, férreo activista de las políticas a favor del medio ambiente.

Pero su decisión marca un regreso a foja cero: en contra del amplio consenso científico, Pruitt ha dicho que la ciencia respecto del deterioro ambiental del planeta está “irresuelta”. Su designación generó un rápido repudio en grupos ambientalistas y líderes demócratas en el Congreso.

Críticas

“Poner a Scott Pruitt a cargo de la EPA es como poner a un pirómano a apagar incendios”, graficó Michael Brune, director ejecutivo de Sierra Club, una organización dedicada a proteger el medio ambiente.

“Es un negador del cambio climático que ha trabajado estrechamente con la industria petrolera. Es triste y peligroso”, apuntó en Twitter el senador de Vermont y ex candidato presidencial, Bernie Sanders, que puso la lucha contra el cambio climático en el centro de su campaña.

La líder de los demócratas en la Cámara baja del Congreso, Nancy Pelosi, difundió un comunicado con un categórico repudio: “Por el aire que respiramos, el agua que bebemos y el planeta que dejaremos a nuestros hijos, el jefe de la EPA no puede ser un taquígrafo de los lobbistas de los contaminadores y las grandes petroleras”.

El presidente electo eligió también al gobernador de Iowa, Terry Branstad, para ser embajador en China y llevar adelante una de las relaciones bilaterales que auguran tensión. Ya Trump se preocupó por crear el primer cortocircuito con Pekín al hablar por teléfono con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.

El equipo del magnate republicano también anunció la designación de otra mujer, Linda McMahon, una empresaria que dirige una popular franquicia de lucha libre, WWE, y que compitió dos veces por una banca en el Senado norteamericano por Connecticut. Perdió las dos veces.

Trump, una de las celebridades que integran el Salón de la Fama de luchadores de WWE, junto a personalidades como Mike Tyson o Mr. T, entre otros, dijo que McMahon “va a desencadenar el espíritu emprendedor en todo el país”.

El triángulo militar

Trump se rodeó de tres hombres curtidos en las fuerzas armadas para la toma de decisiones clave en defensa y seguridad

John F. Kelly

Secretario de Seguridad Interior

Ex general del cuerpo de marines, será nominado para conducir el Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés); fue creado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para que el gobierno estuviera preparado para prevenir y responder a futuros ataques

Comandante en Irak entre 2008 y 2009, Kelly ejecutará algunas de las propuestas más duras de la campaña de Trump; su abanico de responsabilidades incluirá la lucha contra el terrorismo y contra el narcotráfico

También será el hombre a cargo de la inmigración: el DHS decide qué extranjeros pueden entrar y quiénes deben ser expulsados; controlará la política de deportaciones de indocumentados

Michael Flynn

Asesor de Seguridad Nacional

trumpmili2General retirado de tres estrellas, será la mano derecha de Trump en seguridad; hará de enlace con los departamentos relacionados con la política exterior, militar y antiterrorista de la primera potencia mundial

Flynn estuvo 33 años en el ejército, está registrado como votante del Partido Demócrata y sirvió en el gobierno de Barack Obama como jefe de la unidad de inteligencia del Pentágono

James Mattis

Secretario de Defensa

trumpmili3Mattis, apodado “Perro Loco”, es considerado un militar de mano dura; fue uno de los primeros en poner el pie en Afganistán tras los atentados de 2001 y estuvo al mando de una de las divisiones que invadieron Irak en 2003

Entre otros temas ríspidos tendrá un papel vital en las relaciones con Irán, después de haberse opuesto abiertamente al acuerdo que forjó Obama para limitar el programa nuclear de Teherán

Del editor: ¿Cómo sigue? Militares y multimillonarios son la combinación que por ahora parece estar eligiendo Trump para ejercer el poder.

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