Desprovisto de recursos y apoyos, el deporte mexicano jamás podrá darnos los triunfos que se le piden

MXKNSNRIO2016

*La pobre preparación de nuestros atletas, fiel reflejo de la crítica situación del sistema educativo nacional

*En los primeros niveles de la instrucción escolar no hay quien se preocupe por la cultura del deporte

*La rapacidad de los dirigentes de las federaciones se refleja en la pobreza de los resultados olímpicos

jvictsaiz José Vicente Sáiz Tejero – e-tlaxcala.mx – Tiempos de Democracia –  140816 –

Por este lunes propongo a usted, amigo lector, que dejemos de lado el cansino tema de la política para acercarnos a un asunto de actualidad: los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y, por supuesto, al desencanto que ha producido el decepcionante desempeño de la delegación azteca. Se advierte de entrada que los modestos logros de nuestros atletas en aquella mágica ciudad brasileira están dramáticamente vinculados a la indiferencia con que el estado mexicano ha tratado la práctica del deporte infantil y juvenil. En ese punto está la clave de la cuestión, y sólo podrá ser resuelta a partir de que se dilucide si un país como México -aquejado de mil dificultades acuciantes- pueda y deba ocuparse en atenderla.

¿A qué se va a una Olimpíada?

Antes de adentrarnos en el tema, ha de ponerse en claro que, si a lo que México aspira acudiendo cada cuatro años al llamado olímpico es a conquistar medallas, evidentemente lo estamos haciendo mal…, pero si lo que inspira a los dirigentes deportivos mexicanos es la máxima del Barón de Coubertin -insigne fundador de los juegos modernos- de que “…lo importante no es ganar sino competir…”, entonces sus resultados no tienen razón de ser objetados. En cualquier caso, ha de reconocerse que, salvo excepciones contadas que no hacen la regla -v.gr. los futbolistas-, los competidores llegan hasta donde humanamente pueden, de acuerdo al talento individual de cada uno, a su capacidad física, a su preparación técnica, a la calidad e intensidad de su entrenamiento, y al fogueo internacional que han tenido.

“Mens sana in corpore sano”

Mas cualquiera que sea el propósito de alternar con lo mejor del deporte mundial, lo que de inmediato salta a la vista es la escasísima atención que en nuestro país se le presta al ejercicio corporal. En ninguno de los niveles del sistema educativo nacional se contempla la cultura del deporte, ya no con fines de alta competencia sino en su finalidad más básica y elemental, que es la de formar jóvenes sanos y fuertes. Poco o ningún caso se le hace en las escuelas de México al sabio aforismo romano que asocia la salud física con la luz del conocimiento.

Sistemas enfrentados

Dos sistemas coexisten en el mundo en materia de fomento al deporte, y se distinguen sólo en el origen de los fondos para su financiamiento. Los países con gobiernos de orientación estatista -en sus diversos matices, democráticos o autoritarios- destinan de manera directa a ese propósito presupuestos cuantitativamente importantes, y los encauzan en una primera y fundamental instancia a la enseñanza de los niños en las escuelas públicas que patrocina el estado. En los países de economía capitalista, en cambio, es la inversión privada la que mayoritariamente se hace cargo de la educación en todos sus grados y, por tanto, también de los aspectos vinculados al deporte en sus distintas expresiones.

El camino de los triunfos

Hasta aquí las diferencias entre ambos sistemas, pues en adelante su esquema de funcionamiento sigue patrones similares. Entre ellos son distinguibles los siguientes tres: el primero es el que está encaminado a fortalecer a los infantes en etapas de crecimiento y aprendizaje, y es justamente en esta fase donde de manera todavía preliminar se detectan, valoran y cultivan las facultades de los que tienen aptitudes deportivas. El segundo paso comprende la especialización y sistematización del entrenamiento de adolescentes con miras a participar en competencias escolares de nivel intermedio. El tercero y último, es el relativo a la selección en grados universitarios de candidatos a deportistas de élite, potencialmente capaces de rondar marcas mundiales y, en consecuencia, aspirantes a conquistar galardones olímpicos.

Los límites de la competitividad

Cierto es que la noble y leal competencia entre deportistas -tal y como inicialmente fue concebida en la antigua Grecia, ideal que prevaleció en los primeros juegos de la era moderna- ha sido paulatinamente reemplazada por una lucha sin cuartel en que las naciones -sobre todo las más fuertes económica y militarmente- disputan la supremacía mundial. Así las cosas, se ha recurrido a la sofisticación extrema de la medicina deportiva aplicada al alto rendimiento, con el fin de conseguir que las marcas vayan cayendo una tras otra. El uso de estimulantes nocivos para la salud -el reprobable doping- es sólo una de las consecuencias de esa sed obsesiva de triunfos.

Infraestructura inexistente

Para obtener los resultados que pretenden, ambos sistemas, el estatista y el capitalista, requieren de verdaderos ejércitos de profesores de educación física, y de un sinnúmero de entrenadores expertos con estudios de alto nivel. Ocioso es decir que se precisa de espacios e instalaciones adecuadas, así como de los equipamientos necesarios propios de cada deporte. No descubre el hilo negro si afirmo que las deficiencias que en esos renglones presenta México son abrumadoras. La tan traída y llevada regeneración de los espacios escolares emprendida por el gobierno federal -instrumentada localmente por los gobiernos estatales- apenas si aspira a dotarlos de techos sin goteras, de sanitarios limpios y de bebederos de agua potable. Y no mucho más. Hablar de instructores deportivos especializados en nuestro medio es casi una broma; en el mejor de los casos, se contrata a ex deportistas para dar gimnasia en varias escuelas.

Peras al olmo

Nos acercamos ya, amigo lector, a la clave de la cuestión, esa de la que en abstracto hablé al principio de este artículo. Para dar con los motivos de nuestro subdesarrollo deportivo hay antes que entender en qué país vivimos, caracterizado como sabemos -aunque duela admitirlo- por su infame desigualdad, por su retraso educativo y social, por la corrupción que corroe a la política, por la precariedad de su economía, por el desánimo colectivo y, en fin, por nuestra desdibujada identidad nacional que emerge sólo cuando juega la selección de futbol. Y como en México no hay quien exija a los pudientes que cumplan con sus obligaciones contributivas, el raquitismo de los presupuestos gubernamentales es crónico. Añada usted a esa limitación la incompetencia y rapacidad de sus operadores, y se explicará por qué el estado mexicano invierte tan poco en el deporte, al que destina la ridícula cantidad del 0.02% del PIB.

Pretextos…

El magro número de preseas que obtendrá México en estos XXXI Juegos Olímpicos no hace sino confirmar que, en nuestro deporte, no hay método ni sistema. Como en la política, amigo lector, exactamente igual. Todo es improvisación y, a toro pasado, se nos viene encima la consabida lluvia de mentiras y justificaciones. El viejo cuento de que jueces y árbitros frustran imaginarias hazañas que en la realidad sólo excepcionalmente han llegado a consumarse. Y así, una olimpíada tras otra, a la espera de que milagrosamente surja algún fenómeno individual que conquiste triunfos y permita a directivos y políticos contonearse a su lado. Mientras en otros países se optimizan incesantemente los planes de entrenamiento, aquí las conquistas, cuando ocurren, son atribuibles al sacrificio personal y al denuedo de los atletas.

Lacras del deporte

En el batidillo que encontró Alfredo Castillo en la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, destaca la opacidad con que las distintas federaciones manejan sus finanzas. Hasta en eso, amigo lector, el deporte dizque organizado es una calca del mundo de la política. Verdad es que se le dan pocos recursos, pero cierto también que esa federaciones a nadie rinden cuentas. Al analizar por separado los logros que han alcanzado históricamente en el deporte de su incumbencia, se observa la miseria de sus resultados. Añejas burocracias, dirigentes que se eternizan en sus cargos, privilegios inexplicables, campamentos de entrenamiento inexistentes, viajes injustificados, viáticos desmesurados y, en fin, un cúmulo de irregularidades con las que hay que acabar de raíz para entonces, ya con la casa limpia, crear nuevas estructuras. Llevará años, pero es el  único camino.

Exacta radiografía

Barak Fever es un articulista deportivo, especialista en estadísticas, autor de un interesantísimo estudio en el que contrasta las metas alcanzadas por nuestro deporte en los Juegos Olímpicos con los indicadores de la realidad de México en materia económica, social,  educativa y hasta política y de libertad de prensa.

Fever concluye que esos índices son, en todos sus rubros, bastante más pobres que los resultados olímpicos de nuestro país. Concluye con una frase que debiera ponernos a pensar: “…quienes advierten que nuestro deporte es el reflejo del país, mienten descaradamente. La verdad es que los números de México en los juegos son mucho más aceptables que los de nuestra  vida real…”.

Para la Primera Plana:

Los modestos logros de nuestros atletas en Rio están dramáticamente vinculados a la indiferencia con que el estado mexicano trata a la educación física infantil y juvenil. En ese punto está la clave de la cuestión, y sólo podrá ser resuelta a partir de que se dilucide si un país como México -aquejado de mil dificultades acuciantes- puede y debe ocuparse en atender la cultura del deporte.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en DEPORTES y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s